El 31 de Mayo de 1970 en la zona andina de Áncash, en Perú, un gran terremoto sacudió durante 45 segundos la tierra. No fue cualquier terremoto, era uno de los grandes, 7.9 en potencia de Magnitud de Momento (MW) (7.9 Richter y 7.8MS de Onda Superficial).

El epicentro fue cerca de la ciudad de Chimbote en pleno Océano Pacífico, a 64 km de profundidad, pero lo peor no fue solamente el movimiento de tierra sino el violento alud que siguió y arrasó con la ciudad de Yungay y Ranrahirca.

Pero hay algo interesante en todo este caso: se podría haber evitado la muerte de miles de personas si se hubiese escuchado a los geólogos.

Varias de las ciudades perdieron cantidades enormes de población al desmoronarse prácticamente todas las estructuras, muchas sin ningún código de edificación antisísimico porque eran construcciones viejas, por ejemplo en Huaraz el 90% de las casas se desmoronaron y uno 10.000 habitantes (el 50% de la población) fallecieron ese mismo día.

Hasta el ferrocarril que unía a Chimbote con Huallanca desapareció junto a varios caminos lo que complicó aun más las tareas humanitarias posteriores. Pero el caso de Yungay es interesante por otro aspecto.

Investigando al respecto me di cuenta que prácticamente no se menciona un caso muy particular con respecto a esta localidad en los medios peruanos o de habla hispana en general.

Esos 45 segundos de sismo provocaron que hielo, barro y rocas del nevado Huascarán se desprendiesen formando un alud de más de 40 millones de metros cúbicos con un ancho de 1.8km y avanzando a más de 300km/h durante 18 kilómetros.

Fuente: https://www.fabio.com.ar/7069