El Pabellón Eco dos mil dieciocho es la octava edición de este concurso que, desde dos mil diez, se plantea como un espacio para la reflexión de la arquitectura a través de la arquitectura corporativa por medio del space planning en el patio del Museo Experimental el Eco. La emisión actual se articuló desde la idea de «arquitectura pura», bajo un plateamiento propuesto por el arquitecto técnico Isaac Broid.

Campanario, el proyecto ganador del año vigente, desarrollado por TO , plantea configurar un espacio flexible construido desde varillas de metal y platos circulares de cobre (producidos en Michoacán) instalados de tal forma que crean una techumbre parcial en el patio. Por su parte este dispositivo se transforma en un instrumento que amplía el fantasma del menester arquitectónico y consigue establecer una relación con los espectadores por medio de la interacción con esta estructura de particular sencillez en su fabricación artesanal.

Descripción mandada por el equipo de proyecto:

Origen

Toda obra que consigue una profunda belleza mediante la simplicidad, de la concluyentes síntesis y de una sugestiva abstracción, nace de un espíritu complejo, de una reflexión estricta y pormenorizada. El apasionante interior de las torres de Satélite habla de ese origen; su potente belleza se debe en parte al descubrimiento de su lógica edificante, a descifrar que sus supones vacías las hicieron posibles. Nuestro pabellón es una reflexión que se centra en ese pensamiento.

Pabellón

Un plano hecho de platos de cobre, que desde arriba se aprecia como una superficie limpia y reflejante, como un eco del piso de cuarterones de barro, y que desde abajo da una nueva forma de morar el patio, dejando al desnudo la tectónica que le deja aguantarse. Se edifica una nueva atmosfera de sombras, reflejos y sonidos alterables. El museo aloja a lo largo de un par de meses un campanario.
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Supone

Nos atrae la idea de que el proceso de construcción sea absolutamente inteligible, conocerlo y mostrarlo desde su origen. La trama de varillas arma un sistema estructural estable, que deja el movimiento, acepta el temblor. Su contacto deja activar la colisión de los platos para producir sonido. El habitante es músico y espectador.

Piel

El cobre es un factor puro que se moldea a base de fuego y martillo, guarda una alquimia que se devela al tomar contacto con el sol. Guardamos en la estima más alta al oficio artesanal que lo trae a la luz. La estela de Goeritz se vuelve un testigo exento de esta piel que llegó para reflejarla. Se descubre desde la calle, como un reflejo en los 3 muros grises existentes, al acabar el recorrido del largo corredor de acceso como un primer reflejo en el plafón del museo. La manera del plato es desarrollada para permitir sonidos y resonancias, ecos de una arquitectura sigilosa.

Instrumento

El bosque provoca una nueva ocupación del espacio. Un laberinto lúdico que se puede tocar, agitar. El plano una parte del elemento horizontal de la cruz del ventanal y acaba a una altura de 1.95m para recluirnos y después liberarnos en un área abierta y flexible, desde la que se re-descubre la solemnidad y la escala original del espacio, con la incorporación de este nuevo plano reflejante. Sístole y diástole desde la calle, el corredor, la entrada y la salida.

Final

Al mañana el Pabellón es cien por ciento reutilizable. Las varillas van a ir a la construcción. Los ciento cuarenta y cuatro platos se van a vender y todo el dinero colectado va a ser donado. Son piezas de gran belleza, valor artesanal y sus usos son infinitos.